domingo, 19 de abril de 2015

CORRIENDO BAJO LA LLUVIA




Lo que los demás piensan de ti, no es asunto tuyo.


Por mucho que nos guste llevar el control de las cosas, lo que demás piensan es producto de sus condicionamientos, de sus experiencias y afortunadamente, del más íntimo reducto de su libertad. Poco tendrá  que ver muchas veces, lo que hagamos o dejemos de hacer y eso, lejos de ser frustrante, debería de ser liberador... no depende de ti, así que puedes relajarte. 

Puedes ser como tú eres, sin doblegarte, ni traicionar  tu esencia para sentirte aceptado o querido,  puedes confundirte, equivocarte o rectificar... porque hagas lo que hagas, nunca gustarás a todo el mundo. 
Ni falta que te hace. 

Deberás conformarte con ser fiel a ti mismo, con buscar tus principios (no estaría mal acordarse de revisarlos de tanto en tanto) e intentar actuar en consecuencia. Seguramente mantener esa coherencia, además de proporcionarte sosiego (que no es poco), hará que transmitas confianza, y te acercará a algunas personas... quizás, a las que más te interesan.
Lo que piense el resto, no "debería" poder de alterarte. 

No le des a cualquiera, poder sobre ti.

Decide tú a quien le das el mando capaz activar tus emociones, y selecciona bien... de ello va a depender en gran parte, tu bienestar. 


Pd: si tienes 4 min, te recomiendo ver éste video de Sean Stephenson, espero que te guste tanto como a mí y que disfrutes corriendo bajo la lluvia...

sábado, 11 de abril de 2015

MERECE LA PENA




La pena que deja su ausencia.
La pena de saber que no se encontraran de nuevo las miradas, ni las sonrisas, ni las manos...
La de desconocer donde está y por qué se ha ido.
La que deja el teléfono mudo y la casa vacía. 

Esa que como una niebla densa, cae sobre uno, cuando el otro se va. 
Esa que duele físicamente.
Esa pena...

La merece.
Porque aprender de una madre que afronta con serenidad el destino, es un privilegio reservado sólo para unos pocos. 
Porque una relación basada en la complicidad, la admiración y el cariño profundo, da sentido a nuestra vida.

Y por el tiempo y el mimo empleado en cuidaros y protegeros mutuamente. Ella al principio de tu vida y tú, al final de la suya. 

Por eso merece la pena.

Porque por grande que parezca el sufrimiento...
Siempre será mayor, el amor que recibiste.




miércoles, 18 de marzo de 2015

HAY ALGUIEN AHÍ?



Érase una vez una mujer muy devota y llena de amor de Dios, solía ir a la iglesia todas la mañanas y por el camino solían acosarla los niños y los mendigos, pero ella iba tan absorta en sus devociones que ni siquiera los veía.

Un buen día, tras haber recorrido el camino acostumbrado, llego a la iglesia en el preciso momento en que iba a empezar el culto. Empujo la puerta, pero ésta no se abrió. Volvió a empujar, esta vez con más fuerza, y comprobó que la puerta estaba cerrada con llave. 

Afligida por no haber podido asistir al culto por primera vez en muchos años, y no sabiendo que hacer,  miró hacia arriba... Y justamente alli, frente sus ojos, vió una nota clavada en la puerta con una chincheta.

La nota decía: "Estoy ahí fuera"
                                  
                                                                La Oración de la rana. Anthony de Mello.


Ahí fuera... 

Fuera de los libros que una vez interpretó el hombre, en un contexto distinto, en una sociedad que ya no existe... fuera de las sinagogas, las iglesias y las mezquitas o de cualquier lugar de culto que divida a las personas por creencias circunstanciales, tan azarosas como haber nacido aquí o allá...
Fuera de conveniencias, las costumbres o los dictados de la tradición. 

Busca fuera de esas cosas, y recuerda también buscar dentro de ti mismo... 

Quizás esté ahí.



jueves, 26 de febrero de 2015

AFRONTAR LA ADVERSIDAD



A veces, vienen mal dadas. 
Asumir esta premisa, contribuye notablemente o bien a solucionar los conflictos que surjan, en el caso de que esté en nuestra manos, o bien a asumirlos si no hay posible intervención. Por el  contrario, si consideramos los problemas como obstáculos a nuestra felicidad, nos colocamos en una actitud defensiva ante ellos que hará que los magnifiquemos o los evitemos continuamente, con lo que se irán acumulando. Y cada vez será mas difícil priorizar para intentar abordarlos. 
Laborales, sentimentales, económicos, de salud... a veces se suceden, otras se superponen y otras nos dan una tregua, que dicho sea de paso, estaría muy bien aprovechar. 

Y esto sucede desde la infancia, donde los deseos y la realidad comienzan a distanciarse, dando lugar a una serie de conflictos cuyo manejo nos convertirá en adultos más o menos equilibrados. Son esos conflictos los que nos obligan a encontrar estrategias para manejarlos, y conforme lo vayamos haciendo nos aportarán la confianza necesaria para afrontar los que estén por llegar. 

Pero difícilmente podremos cambiar algo si no sabemos ver que parte de competencia tenemos en su origen, en su mantenimiento o en su fin, por lo tanto, el hecho de identificar las causas y atribuirnos parte de su responsabilidad, lejos de ser un obstáculo es un acicate que contribuye a su mejora. 
Y conviene hacerlo sin el componente de dramatismo que provoca el sentirse culpable, sino desde la madurez de la persona que asume parte de su cometido en las circunstancias que vive y que utiliza el aprendizaje en su propio beneficio para mejorar y prevenir situaciones similares en el futuro. 

Claro que como decía antes no todo se puede solucionar, o si se puede, quizás no esté exclusivamente en nuestras manos. Tampoco existe la solución perfecta, puede existir la adecuada para cada momento, persona o situación, con los datos de que se dispone a la hora de tomar la decisión. Una persona cercana, familiar o amigo o en última instancia un profesional de la salud,  pueden ayudarnos a ampliar nuestra visión del problema o a analizar variables que aparentemente son invisibles a nuestros ojos.
Pero en cualquier caso, hay que decidir. 

La actitud, marca la diferencia en el manejo de la adversidad. 
Reduciendo tanto el tiempo que dura su efecto, como la intensidad de los sentimientos que produce.

Define tu postura a tiempo...




miércoles, 11 de febrero de 2015

CRISTIAN




Vaya por delante que no tengo nada en contra de que dos personas se encuentren, se gusten, se necesiten o se deseen y hagan con su voluntad lo que les pida el cuerpo. No solo no tengo nada en contra, sino que tengo muchos argumentos a favor.

Pero no puedo con Grey.
Se me atraganta la idea del galán pluscuamperfecto atormentado con coartada para el sadismo, que busca redención a todos sus males sometiendo a una joven pardilla, inexperta en artes amatorias. 
Me preocupa la idea de que algún alma cándida al leer el libro o ver la película se crea que la belleza, el dinero o el poder, (o una combinación de las tres) sea suficiente justificación para entregar su libertad a alguien, para entregar sumisamente el control absoluto de su vida, y dejar que decidan por ella el qué, el como, el donde y el hasta cuando. 

Seguro que se las ingenian en el segundo o tercer tomo (o en el cuarto si llega el caso) para justificar con uno o varios traumas infantiles el hecho de que necesite dominar a una chica ingenua para demostrarle su amor sincero a mano abierta. Pero no me consuela. Y tampoco caigo en la trampa de pensar que ella es mayor de edad y accede, porque ni siquiera tiene experiencias para comparar y saber si lo que hace (o se deja hacer, mejor dicho) entra dentro de los márgenes de los esperable en una relación sana de amor. 
Que no. 
Que con 21 años eres joven, influenciable y por lo tanto vulnerable a según que cosas. Y si te enamoras, más. 

En tiempos donde las nuevas tecnologías amenazan con invadir los pocos reductos de intimidad personal que nos quedan, donde las estadísticas nos dicen que una de cada tres jóvenes  considera normal que sus parejas les controle los horarios, les impida ver a familiares o amigos, les digan si pueden o no trabajar o estudiar... en tiempos donde las mujeres intentamos que nos vean más allá de los clichés por años establecidos: objetos sexuales o decorativos, abnegadas amas de casa... flaco favor nos hacen estos folletines de tres al cuarto, que nos cuentan las bondades de un amor desequilibrado, sirviéndonos en bandeja, como cebo, el morbo.

Lo siento pero no. 
Estoy convencida de que la libertad despierta más pasión que cualquier forma de esclavitud. 
Por muy bonita que nos la pinten. 








lunes, 9 de febrero de 2015

DESPERTAR



Familiarizarse con la impermanencia y con la decadencia.
Ahí reside en gran parte el secreto de la vida.

Suena duro, pero es así. Y no porque yo lo diga. 

Si eres capaz de entender y aceptar con naturalidad (que no con resignación torera) el hecho de que nada permanece, que las personas, las situaciones y las cosas cambian... y que vivimos dento de un cuerpo que tiene caducidad y que comienza su poceso degenerativo a partir de los 30 años, entonces estas preparado para sacerle partido al tiempo que estés de paso por este breve paseo que llamamos vida. 

En caso contrario, en el caso de que no quieras que las circunstancias cambien, que las personas crezcan o vengan y vayan, de que hagas acopio de objetos y te identifiques con ellos poque creas que te definen, o de que te aferres a ellos en un vano deseo de permanecer, creyendo inconscientemente que perderlos es perderte a ti mismo... en el caso de que no asumas que el tiempo pasa y deja huella en tu cuerpo, desgastándolo con el uso... en ese caso, eres candidato seguro al sufrimiento.
Y lo más probable es que lo transmitas a los que te rodean. 

Supongo que darse cuenta es el paso previo previo fundamental para vivir de manera consciente.
Para disfrutar del tiempo que duran las cosas, disfrutar de cada etapa, de los momentos en el que las personas están de paso en nuestras vidas... y también para dejarlas ir y  para dejar que otras vengan. En definitiva, para disfrutar con lo que el presente nos ofrece.

No digo que sea fácil, digo que asumir la realidad es estar más despierto.
Y que estar despierto, se parece más a estar vivo.




martes, 20 de enero de 2015

LA RECETA DEL GANADOR




Me maravilla la gente que consigue lo quiere.


Me fascinan el tesón, la voluntad férrea y la capacidad de sacrificar el presente en aras de un supuesto bienestar futuro que tienen algunas personas... más si cabe aún, en tiempos donde priman las prisas y la satisfacción inmediata de los deseos. 

Es posible (muy probable) que durante el proceso haya altibajos y esté salpicado de dudas y controversias que a las personas que sólo se fijan en el resultado, se les pasen por alto.  El resplandor del éxito es lo que tiene, que si lo miras fijamente, como al sol... te ciega. 

Pero si se analiza un poco en profundidad, el secreto reside, como el de toda receta que se precie, en la calidad de los ingredientes:  

- Una idea potente, una idea que puede que no supere todas las pruebas que la sensatez le exige, pero que persiste en el tiempo y en el espacio que ocupa en nuestro fuero interno. 

- Una emoción asociada, una emoción intensa que se abre camino entre tedio e incertidumbre. Puede ser una esperanza, una ilusión que actúa como un potente foco, orientando nuestros pasos. 

- Unos pies firmes en el suelo, capaces de preveer y encajar sin excesiva carga dramática, los obstáculos que a ciencia cierta intentarán boicotear nuestro supuesto final feliz. 

- Persistencia. Constancia. Perseverancia.

Poco más. Si la meta está dentro de los límites de lo posible, con todo el  margen que ello supone... conseguirlo depende sólo de que queramos hacerlo. 
De que nos compense o no el tiempo y el esfuerzo necesarios. 

Tú mismo. Yo misma. 
Sólo tenemos que buscar la luz. 
Y seguirla...