martes, 20 de enero de 2015

LA RECETA DEL GANADOR



Me maravilla la gente que consigue lo quiere.


Me fascinan el tesón, la voluntad férrea y la capacidad de sacrificar el presente en aras de un supuesto bienestar futuro que tienen algunas personas... más si cabe aún, en tiempos donde priman las prisas y la satisfacción inmediata de los deseos. 

Es posible (muy probable) que durante el proceso haya altibajos y esté salpicado de dudas y controversias que a las personas que sólo se fijan en el resultado, se les pasen por alto.  El resplandor del éxito es lo que tiene, que si lo miras fijamente, como al sol... te ciega. 

Pero si se analiza un poco en profundidad, el secreto reside, como el de toda receta que se precie, en la calidad de los ingredientes:  

- Una idea potente, una idea que puede que no supere todas las pruebas que la sensatez le exige, pero que persiste en el tiempo y en el espacio que ocupa en nuestro fuero interno. 

- Una emoción asociada, una emoción intensa que se abre camino entre tedio e incertidumbre. Puede ser una esperanza, una ilusión que actúa como un potente foco, orientando nuestros pasos. 

- Unos pies firmes en el suelo, capaces de preveer y encajar sin excesiva carga dramática, los obstáculos que a ciencia cierta intentarán boicotear nuestro supuesto final feliz. 

- Persistencia. Constancia. Perseverancia.

Poco más. Si la meta está dentro de los límites de lo posible, con todo el  margen que ello supone... conseguirlo depende sólo de que queramos hacerlo. 
De que nos compense o no el tiempo y el esfuerzo necesarios. 

Tú mismo. Yo misma. 
Sólo tenemos que buscar la luz. 
Y seguirla...







martes, 16 de diciembre de 2014

CERRANDO CICLOS



Justo después de una especie de pliegue espacio-temporal... aquí estoy mirando los adornos navideños otra vez,  frente a frente. Que relativo es el tiempo. 

Llega el momento de soltar: lo que no sale de dentro con naturalidad, lo que te roza la piel y empieza a dejarte marca, lo que sólo encaja bajo presión.
Soltar antes de que empiece a restar, a forzar, a herir, a resquebrajarse. 


Soltar y quedarse con lo bueno. Con todo lo bueno que hubo y que forma parte de quien somos. 

Hay cosas (quizás todas) que sólo tienen sentido durante un tiempo y pretender estirarlo es un desgaste estéril de fuerzas, tiempo y energía que estaría bien emplear en proyectos con más recorrido.
Porque que algo termine no es necesariamente un fracaso, el fracaso es intentar alargar algo más allá de su vida útil. Las cosas que hemos decidido hacer y en las que hemos puesto cariño y dedicación son siempre un acierto pleno durante el tiempo que duran. 

Seguramente la pregunta clave sea: ¿como se sabe que llega el fin de un ciclo? 

Se sabe.
Se nota.
Se siente. 
A veces se grita desde el interior. 

Y entonces es tiempo de recibir lugares, experiencias, gente o actividades distintas. Porque queda mucho por descubrir...

Quizás la fecha sea sólo una disculpa, cualquier dia es bueno para hacer balance y empezar a disfrutar del resto de la vida. 
O de intentarlo, al menos. 




martes, 9 de diciembre de 2014

EN EL AIRE



Parecen tener mucho éxito los periodistas mordaces. 

Personalmente, me resulta violento ver como se acorrala a una persona portando como armas mucha información parcial, abundante verborrea y una batería de preguntas capciosas, hasta que consigue decir lo que el entrevistador quiere escuchar. Me parece una manera demasiado agresiva de hacer periodismo, que no digo que no sea necesaria en algunos casos, pero como tónica general, me acaba alterando el sistema nervioso exponerme a tanta tensión o agresividad verbal. 
Por no hablar de pseudo comunicadores de medio pelo, que se tiran trastos a la cabeza y destapan toda clase de bajezas para regocijo del personal...  (ésto tengo que suponerlo porque siguen ocupando franjas televisivas de sobremesa o tarde, años ha)
Es de agradecer que al menos, los primeros, dominen el arte del lenguaje.

Aunque se alejan de la belleza del mundo artístico al forzar la respuesta, manipulando en cierto sentido el prisma de lo que podría ser un diálogo interesante.

Y tampoco me gusta, cuando el entrevistado va por libre. 
Cuando es completamente ajeno al contenido de la pregunta y pretende con disimulo (y sin él) acercar continuamente el ascua a su sardina y colocar el discurso que tenía preparado.

Definitivamente, hay diálogos que no fluyen. 
En el momento en el que se encienden los focos, se abren los micros y lo que uno va a decir pone en juego el número de votos de su partido, su propio prestigio como profesional o el sueldo que le cubre las necesidades (las básicas y las refinadas)... las palabras se atascan en la cabeza. Y las preguntas hábiles e incisivas muchas veces provocan salidas poco airosas, que harán frotarse las manos a los insaciables buscadores de retwits, o de titulares fáciles.

Hay entrevistas que son auténticas pantomimas. 
Deberían terminar con un telón y un aplauso. 


viernes, 28 de noviembre de 2014

EL ENVOLTORIO





"El contrato del matrimonio importa más que el amor.
 El funeral más que el muerto.
 La ropa más que el cuerpo y
 la misa más que Dios."

                  Eduardo Galeano.

El dice que estamos en plena cultura del envase... y sus palabras son tan concisas y certeras que  convierten en adorno cualquier comentario posterior. 

Ponle un papel bonito y puedes vender cualquier cosa. Si me apuras, puedes conseguir olvidarte del contenido, compararando tu papel con el del vecino a ver si es más grande, más vistoso o mejor.

Definitivamente el mapa no es el territorio.

Los rituales, los protocolos... no son fines en sí mismos, sino medios para conseguir un fin, supuestamente facilitan su consecución, pero rara vez tienen sin sentido si perdemos de vista su finalidad. Se convertirán en repeticiones absurdas y estériles que añadirán vacío a nuestra existencia. 

Me preguntaba un amigo por qué nos empeñamos en hacer cosas que no nos gustan... trataba de buscarle un nombre a esta curiosa "habilidad" humana. 
Supongo que algunas de las respuestas posibles son: costumbre,  presión o deseabilidad social, necesidad de aprobación... 
Reglas de un juego que hace tiempo perdió la gracia, pero al que seguimos jugando con nuestra mejor cara de poker.

Vale, ponle un envoltorio bonito si quieres, pero... 
Asegúrate de que lo que envuelves, merece la pena.


lunes, 17 de noviembre de 2014

RESILIENCIA




Mira que me cae antipática la palabreja (fonéticamente hablando) y tengo que hablar de ella...
Con lo castiza que suena la Entereza.

Pero todo lo que tiene de fea, lo tiene de útil y de necesaria.

Es la capacidad que tienen los seres vivos para sobreponerse a la adversidad, a periodos de dolor emocional intenso.. y no sólo de sobreponerse, sino de salir fortalecido. 

Así dicho, parece una cualidad que tengan en exclusiva algunos superhéroes o súperheroínas... pero no, es una potencialidad que todos tenemos pero que requiere de determinadas circunstancias para manifestarse. 
El problema es que intentamos evitar a toda costa el sufrimiento, la frustración, la incertidumbre, el aburrimiento.. a nosotros mismos y a nuestros hijos, privándonos de desarrollar una serie de habilidades que nos permiten superar los pequeños o grandes obstáculos que con seguridad aparecerán en el camino.
Y de este modo, cuando aparezcan no tendremos herramientas para afrontarlos, o mejor dicho, las tendremos pero no sabremos ni donde están ni para qué sirven, cosa que se parece bastante al hecho de no tenerlas. 

La resiliencia es fruto de un proceso. De un duro proceso de crecimiento personal, que se puede (y se debe si se pretende tener equilibiro psicológico) trabajar. Igual que la ostra segrega nácar cuando la arena penetra en su interior y de ésta forma la incorpora a su estructura creando una valiosa perla... de la misma manera las personas podemos incorporar el suceso a nuestra existencia, transformarlo con nuestras fortalezas y convertirnos en una versión renovada de nosotros mismos.

Mantener una mente receptiva a nuevas ideas, trabajar la creatividad, cultivar distintos intereses, ponerse metas realistas, confiar en que somos artífices de nuestro destino, reírse de uno mismo, aprender de nuestras experiencias, colaborar con lo inevitable y hacer bueno uso de la memoria y el olvido, nos ayudarán a afrontar los reveses de la vida. 

Esto implica canalizar el dolor, transformarlo, aceptar el cambio, y modificar la perspectiva para alejarnos de las categorías absolutas con que analizamos desde tiempos inmemoriales el mundo: Justo/Injusto,  Bien/Mal, Exito/Fracaso, Corecto/Incorrecto, etc. son tantos y conducen a tan tortuosos caminos los dualismos con que clasificamos la realidad...

Ahora vivimos un cambio de ciclo.
Todo es relativo, el interrupor de ON/OFF da paso al difusor de luz gradual.
Debemos regular la intensidad desde la cual la experiencia cobra sentido. 

Porque pase lo que pase, nuestra vida sigue teniendo sentido.

Sólo hay que encontrarlo.


martes, 11 de noviembre de 2014

EL HOMBRE (Y LA MUJER) DE VITRUVIO



Devorolor, devoragrasas... qué cosas tenemos que escuchar.

La publicidad se empeña una y otra vez en agobiarnos, en devorarnos las grasas, en devorarnos los olores corporales... no les resulta suficiente con generarnos la desagradable sensación de que olemos mal o tenemos adipocitos anquilosados por doquier sino que nos venden la idea de que necesitamos imperiosamente deshacernos de ambos. 

Quizás me ha llevado mucho tiempo rebajar mi autoexigencia, o quizás he estado demasiado cerca de testimonios y auténticos dramas personales de mujeres que rechazan sus cuerpos (puntualizo el género porque es aplastante la estadística que me he encontrado en casos de trastornos alimentarios) coartando toda posibilidad de crecimiento personal, de enriquecimiento... tanto, que me asusta cualquier intento de manipular nuestro concepto de felicidad.

Si, quizás detrás de mi rechazo a ciertas campañas haya miedo.
Miedo a ser más frágil de lo que me considero. 
Miedo a que convenzan a generaciones futuras con eslóganes, imágenes y formas de vivir tan idílicas (tan patéticas, a veces) como irreales. 
A que nos señalen un camino tan estrecho que sea más fácil caer que transitarlo.
A que provoquen mayor sufrimiento que bienestar.

Espero y confío en que la higiene y el sentido común sean suficientes para combatir tanto deseo imperioso de convertirnos en semidioses asépticos de cuerpos esculturales... y no queramos imitarlos.
Ni falta que nos haga. 

Definitivamente no quiero que nos devoren asi.  
Que prueben a amarnos como somos.


viernes, 31 de octubre de 2014

GAME OVER



Es curioso ese pequeño trance que ocurre a diario (o debería)  cuando uno pasa de estar despierto a estar dormido... o lo que es lo mismo, ese momento en el que se desconecta la parte consciente y entramos en una insondable realidad paralela.

Algunas veces, (sólo algunas, desconozco por qué) cuando uno empieza a dormirse y las constantes vitales descienden, el cerebro interpreta que estás en un grave peligro, cercano a la muerte y ante una amenaza semejante, envía un señal en forma de fuerte sacudida, para hacernos reaccionar. Es ese sobresalto momentáneo, en el que generalmente sientes que caes al vacío... un instante de shock, que separa ambos estados, el de vigilia y el onírico. "Sacudida hipnagógica", si buscamos el término exacto.

Pero también ocurre el proceso contrario. Y no sé si tiene nombre...

Sucede que estas despierto y algún acontecimiento inesperado te sacude y hace temblar tus cimientos. Es como si un rayo te atravesara, una especie de revulsivo mental y emocional que hace que descubras que hasta ese preciso momento, habías estabas dormido.  

Y es a partir de ahí realmente, cuando eres consciente de que estas vivo.