domingo, 24 de abril de 2016

SOLTAR



Las  personas se van, pero los vínculos quedan.

Se quedan un tiempo proporcional a la intensidad del sentimiento que provocaron, a la huella que dejaron en nuestra vida, a los debes que quedaron pendientes en un lista tan bonita como imaginaria.  

Se van amigos, ex parejas, familiares, porque en definitiva han de continuar su camino sin nosotros  o porque han llegado al final del mismo...  y lo harán temporal o indefinidamente porque es ley de vida. Y seguramente con el tiempo, otras personas llegarán para enriquecerla.  

Es difícil superar una pérdida, y será duro hasta que soltemos la idea de que la relación debería haber continuado, hasta que aceptemos que hay que "dejar a la gente ir", que hay que soltar para que la vida siga. Agarrarse a una idea que no puede ser o a una persona que no quiere o no puede estar, es como intentar detener un río con nuestras propias manos, la sensación de impotencia es tan frustrante como improductiva. 

La realidad es que las personas formamos una especie de mapa con múltiples rectas secantes, esas que se cruzan unas con otras  en un punto más o menos duradero, pero que tarde o temprano continúan con su propia trayectoria.

Así que quédate con el vínculo, con lo que aportó a tu vida, con los momentos y las emociones que despertó en tí, y deja que la vida siga, que te lleve a donde tengas que ir...

Confía.


lunes, 28 de marzo de 2016

SIEMBRA: Disposiciones favorables en la resolución de conflictos



Artículo publicado el viernes 25/03/16 en el diario "La Nueva España".

La convivencia, el roce continuado en el tiempo, sea por causas profesionales, personales, intencionadas o ajenas a nuestra voluntad, ponen de manifiesto diferencias en nuestra concepción del mundo y en nuestro propio concepto de bienestar. Muchas veces, derivado de ello, se evidencian tensiones más o menos explícitas entre personas que de alguna manera, están condenadas a entenderse. 
Tres son los estilos de respuesta posible en este escenario, para intentar solucionar un conflicto que altera nuestro equilibrio personal: 

Un estilo pasivo, en el que la persona deja de lado sus propios derechos para anteponer los de los demás, evitando de este modo, cualquier situación conflictiva que implique pasar un momento cuando menos, incómodo. De este modo, no se  expresan honestamente los sentimientos, pensamientos u opiniones, o se hace con argumentos autoderrotistas, con poca convicción o con disculpas inapropiadas. El desequilibrio en este tipo de relaciones no propicia una relación sana en la que ambas partes se sientan libres para expresarse sin temor.

Otro estilo posible es el agresivo, donde la persona al contrario que la anterior antepone sus derechos de manera ofensiva, deshonesta o manipulativa, en definitiva, inapropiada,  para alcanzar la conquista de su objetivo. Como consecuencia se irá acumulando tensión en las relaciones y seguramente rencor por parte de los afectados.Tampoco ésta parece ser la más aconsejable estrategia a la hora de solucionar conflictos y salvaguardar relaciones al mismo tiempo. 

Existe un tercer tipo de respuesta, 
conocida como asertiva que implica la expresión directa de nuestros sentimientos, pensamientos y necesidades, de manera franca, directa y adecuada, diciendo lo que queremos decir sin atentar contra los demás, sino negociando una salida más o menos satisfactoria para las dos partes. 

Para hacerlo, es conveniente preparar  el momento y el entorno favorables, esto es: un ambiente tranquilo,  donde podamos hablar sin interrupciones el tiempo que estimemos necesario y una disposición emocional correcta,  lo menos contaminada posible por sentimientos que nos impidan acercarnos al objetivo; porque si nos centramos en “intentar quedar bien” o que la otra persona “reconozca que está equivocada” obtendremos solo recompensas emocionales a corto plazo,  que seguramente nos alejarán de nuestro propósito. 

Una vez preparado el contexto, hay que exponer con la mayor concisión  y claridad posible, los hechos que han originado el conflicto, sin interpretaciones ni juicios de valor, haciendo alusión directa al sentimiento que nos provoca. Facilita mucho las cosas en este punto reconocer parte de nuestra responsabilidad personal, que honestamente, alguna tendremos, para más adelante ofrecer posibles soluciones o implicar a nuestro interlocutor en la búsqueda de las más adecuadas. Porque si convertimos al otro en aliado, no tiene cabida el enfrentamiento.

Para finalizar, sería aconsejable informar de las consecuencias positivas que implicaría para ambos, la consecución de los fines propuestos, como puede ser preservar el clima de cordialidad en la relación. 

Puede que no nos aseguremos un éxito total en cada una de nuestras intervenciones,  pero está claro que haciéndolo de este modo, incrementaremos notablemente la posibilidad de conseguirlo. 

No olvidemos que negociar, es todo un arte. 
No deberíamos escatimar tiempo y esfuerzo en cultivarlo.

viernes, 5 de febrero de 2016

DICCIONARIO EMOCIONAL: MIEDO




El miedo surge cuando percibimos que algo o alguien amenaza a nuestro bienestar.

Esta percepción puede ser fruto de la realidad o de nuestra interpretación de la misma, porque el cerebro no analiza su origen, sino que  reacciona con inmediatez a una orden de peligro. Activará una serie de mecanismos para escapar de la situación que se supone perjudicial: hiperventilación, sudoracion, relajación de esfínteres... son algunas de las manifestaciones corporales que nos ayudarán a correr a mayor velocidad. Es nuestro mecanismo de defensa desde tiempos ancestrales.
No son sensaciones agradables pero tampoco perjudicales, conviene conocerlas para no agravar el cuadro con interpretaciones catastróficas que nada tienen que ver con su origen. 

Es algo similar a lo que ocurre con la alarma de un coche, si sirve para evitar un robo, cumple su función, pero si se activa constantemente con personas que considera sospechosas o con entornos que no le parezcan seguros, entonces más que solucionarnos un problema, nos meterá en otro. Y la ansiedad se instalará en nuestras vidas. 

Desde el miedo, los enemigos se tienden a percibir como superiores, de manera que minusvaloramos nuestras posibilidades de éxito en un hipotético enfrentamiento y nos bate en retirada perpetua en un desesperado intento de conservar la vida y perpetuar la especie, como bien manda nuestro código genético. 

Lo importante es que ésta, como el resto de  las emociones, nos brinda una posibilidad de conocernos.. Nos informa de que  puede existir un miedo real que amenaza nuestras necesidades, y también nos ofrece la posibilidad de revisarlas, no sea que estemos elevando a la categoría de necesidad, lo que son simples deseos...

"Conócete a ti mismo"
Sabio consejo.


viernes, 22 de enero de 2016

DICCIONARIO EMOCIONAL: TRISTEZA



Las emociones son manifestaciones de procesos internos, nos aportan información válida para conducir nuestra vida hacia dónde nos propongamos...
Si es que tenemos propósitos... 
Y si es que sabemos interpretar su mensaje.

TRISTEZA:
Luto del ánimo. Se siente cuando se interpreta la realidad desde la pérdida, real o imaginaria.
Pérdida de una persona, de una situación, de algo material o inmaterial a lo que nos habíamos ligado.  
Como todos los sentimientos, condiciona nuestra visión del mundo, en concreto ella hace que de la realidad, seleccionemos su cara más amarga. 

Forma parte de la vida, no la más publicitaria ni popular, pero si una necesaria. Nos sirve de enlace entre las expectativas y la realidad, nos obliga a asumir la última si no se puede cambiar, a modificar aquellas si son inalcanzables o a trabajar para acercar posturas y convertir el futuro en algo que esté al alcance de nuestras manos.
Lo único que no es aconsejable, desde el punto de vista de la salud mental es instalarse en ella. 

Llora... Y deja que se vaya. 


martes, 5 de enero de 2016

DESEOS MÁGICOS



Comentaba esta mañana con Rosa Valle, confidente y amiga entre otras muchas habilidades, (leer: Terapia de Letras para comprobar mi teoría) la proximidad de los Reyes y sus presentes mágicos. Fantaseábamos con la idea de que nos trajeran estados de ánimo serenos en tiempos revueltos cuando ella apuntó que estaría bien pedir otra vida.. a sumar, se entiende, para que una vez acumuladas distintas experiencias y los aprendizajes vitales de ellas derivadas, pudiéramos disfrutar de una completa,  sin el cronómetro pegado al cuerpo.

A mí, más que una continuidad, me seducía  la idea de desdoblar la vida en momentos claves, esos que te colocan en encrucijadas del tipo:

- ¿Tengo hijos o no los tengo? 
- ¿Me caso con esa persona?
- ¿Acepto ese trabajo?
- ¿Me quedo?
- ¿Me voy?

Sería tan fácil como comprobar en propia carne, todas las alternativas...
Supongo que la mente, con su temor a la equivocación y a lo desconocido y con su eterna disculpa de velar por nuestra seguridad... aplaudiría la idea. 

Pero lo cierto es que no hay Bonus Track.
Y lo malo es que los prudentes se mezclan con los cobardes y los valientes con los impulsivos... y a simple vista, no se distinguen. 

Hay que posicionarse... que sólo nos queda una vida.


sábado, 7 de noviembre de 2015

¿CÓMO EVITAR CONFLICTOS INNECESARIOS?


(Artículo publicado por "La Nueva España" el 7/11/15)

Si entendemos por conflicto un choque de intereses legítimos entre dos partes, debemos concluir que gran parte de la vida consiste en gestionar dichos desacuerdos. 
Desarrollar por tanto habilidades para negociar y conseguir acercamientos es una tarea más que recomendable y nos permite mantener, e incluso fortalecer, la relación con las personas que por diversas causas, juegan un papel importante en nuestras vidas. 

Con cierta frecuencia, el conflicto viene precedido de una crítica, que dicho sea de paso, no siempre estará bien enunciada. Si tuviéramos que preparar estrategias concretas de respuesta ante una crítica para evitar un posible desencuentro, sería importante  atender a dos variables: la relación que existe entre las partes, o personas implicadas, y  el grado de verdad que le atribuimos  a su opinión. 

El procedimiento a seguir por tanto, sería distinto si el desacuerdo se produce en el seno de una familia que si lo hace entre miembros de una comunidad, por poner un  ejemplo. En el primer caso, además de evaluar el contenido de la  crítica, se debe atender al objetivo de no deteriorar la relación afectiva con la persona . 
En ocasiones, nuestro sentido común con su buen criterio, nos obligará a seleccionar bien las batallas en las que invertir energía y tiempo. Para esas veces, en las que no merece la pena enturbiar la relación, es conveniente emplear alguna de las siguientes estrategias: 
Si la persona es importante y consideramos que lo que nos dice es verdad, no hay más camino que dar la razón, lisa y llanamente. Sin excusas peregrinas que aviven el malestar, nada más apaciguador para nuestro crítico que sentirse legitimado en su causa. 
Por el contrario si esa persona nos hace una crítica que consideramos falsa, conviene  sacarle de su error con argumentos lo más sólidos posibles, intentando controlar el tono empleado, para no contaminarnos con una emoción “negativa” y dar una respuesta airada. 

Sin embargo, en la mayoría de los casos la crítica será sólo relativamente cierta, porque derivará  de un análisis incompleto de la realidad, atendiendo por diversas causas que sería imposible enumerar aquí, a una visión parcial de la misma, o una interpretación equivocada por nuestra parte, así que para evitar el farragoso debate de clarificar quién ve qué, podemos emplear algunas técnicas como el “Banco de niebla”, que consiste en atender exclusivamente a la parte que consideremos verdad de todo el contenido expuesto, sería algo así como dar la razón pero sólo en la parte en la que estamos de acuerdo. Imaginemos una madre o un padre llamando a su hijo recién emancipado y recriminándole: “Eres un irresponsable, no  sé que andarás haciendo con tus amigos, anoche a las doce no estabas en casa..” La respuesta a utilizar en esta caso sería: “Si,  es verdad, ayer a las doce no estaba en casa”. Y nada más, sin entrar a analizar el juicio de valor, ni la desconfianza implícita en la duda que expresa. 
También podríamos convenir con la posibilidad: “Si, puede que tengas razón” (que viene a ser lo mismo que decir: “puede que no la tengas”, pero suena mejor y en ocasiones el crítico, con esta respuesta, rebaja parte de su tensión).
Otra respuesta posible en este sentido es: “bueno, ya  lo pensaré”, emplea la misma estrategia que es reservarse la toma de decisión final y no añade más tensión  en caso de que se esté fraguando una tormenta. 
Por último también se puede pedir aclaraciones cuando entendemos que la pregunta es ambigua: “¿qué quieres decir con que soy un irresponsable?”,  pero recordando que tanto en éste, como en todos los casos anteriores hay que tener especial cuidado con el tono de voz empleado,  para que no se interprete como una reacción defensiva, sino como una búsqueda de un planteamiento más preciso.  

En resumidas cuentas, si lo que se ha dicho no es más importante que nuestra relación, dejarlo correr con alguna de estas opciones, quizás sea la mejor salida. 


martes, 27 de octubre de 2015

¿CUÁNTO DURA UN "TE QUIERO"?



¿Qué alcance tiene esta expresión? ¿Se refiere sólo a ese preciso momento? 
Equivale a decir:  "¿Te quiero ahora?"  o tiene un periodo de validez superior... digamos, ¿unos días? ¿un mes? ¿quizás un año? ¿toda la vida?

¿Hasta cuando puede uno reclamar legítimamente el efecto de su radio de acción? 

Lo cierto es que podemos dejar de hacerlo, de querernos, me refiero. 
No existe garantía perpetua, (cosa que evita que más de uno y una, vivan de rentas antiguas) así que existe alguna posibilidad, por remota que sea, de que cuando se pronuncia, sea la última vez que se dice... o se escucha. 

Conviene verbalizarlo en momentos de complicidad, a modo de recordatorio, no como mera coletilla vacía de significado, sino como colofón a una escena especialmente emotiva y cercana. 

Entonces la clave para responder a la cuestión inicial es garantizar la creación de esos momentos en los que decir Te quiero es tan sólo una mera redundancia. Su eco durará (puede que debilitándose lenta y progresivamente), el intervalo que tardemos en generar la siguiente situación propicia y volvamos a repetirlo.

Supongo que no hace falta decirlo. Como tampoco hace falta el Arte... pero es tan bonito! 

¿Que sentido tendría renunciar a ello?